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Básico Crack: la revolución de los '90

Promediaban los ’90 y reinaban los chupines, el punk estaba en su apogeo en los ámbitos rockeros y “Valentín Alsina” era el disco (o cassette) que escuchaban todos. Hasta que aparecieron unos pibes con otro sonido, con otras ideas, hablando de grunge y metiéndole otro condimento al rock que se hacía en Venado Tuerto y la zona: eran los Básico Crack y su pequeña revolución.

La banda estaba integrada por Alejandro "Negro" Britos en bajo, Ariel Bandeo en batería, José Rossi en guitarra y Marcelo "Chelo" Moia en voz. En la primera formación también cantaba Leonardo Zabala, quien luego no continuó. “Era el 94 o 95, etapa del post grunge donde no había demasiada data, había que ir a escarbar de Marito Bazán y a Musicomanía para encontrar bandas. Y estaba la MTV de Brasil, ahí descubrimos a Alice in Chains, Soundgarden, Living Colour, Sonic Youth, que era lo que curtíamos nosotros”, le cuenta Moia a RockVenado. El germen de la banda se dio entre el propio Chelo y Ariel Bandeo, quienes vivían a dos casas en el barrio San Martín y empezaron a jugar con un sonido rockero que en esa época no abundaba.

De a poco se fueron sumando los demás músicos y en el ’95 Básico Crack salió oficialmente al ruedo, grabando un demo de tres canciones en el antiguo estudio Del Altillo de Tito Ledesma. Ese material lo mandaron a un concurso de bandas de la porteña revista La Maga. “A la semana viene Ariel y me dice que lo llamaron de Buenos Aires, que ganamos y tenemos que ir allá a tocar a la sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza. Eso fue a finales del ’96 y era un concurso para bandas del colegio secundario, el evento lo presentaban Pipo Cipolatti y Diego Korol, se tocaba ahí y supuestamente lo grababa Del Cielito Records en vivo para después publicar un disco con todo el material”, relató Moia.

Junto con Básico Crack, también había ganado otra banda de Venado, Marca Acme, donde tocaban Leo Genovese, Mariano Sayago, Ezequiel Fernández… “Era todo medio surrealista, en total eran seis bandas y dos de Venado. Ese fue nuestro primer show importante, porque hasta ese momento habíamos tocado solamente entre amigos. Fue una locura, no entendíamos nada, porque los chicos tenían 16 o 17 años y yo 19 o 20”, agregó el cantante.

La historia cuenta que el disco “nunca lo recibimos y creo que nunca se hizo, pero lo pasamos genial porque fuimos a un hotel donde nos dieron lugar para cuatro pero fueron todos nuestros amigos y los hicimos entrar a la habitación y éramos 16 durmiendo adentro. Muy surrealista. También me acuerdo que nos hizo una nota Pablo Marcovsky, que acá nunca se vio”.

 

Banda de culto

Cuando volvimos, empezamos a laburar más en la banda, que era mirada de reojo por todos porque no entraba ni en el punk ni en el heavy, hicimos muchos shows con Kataflan, que todavía sigue tocando, igual que Perdidos por el Vino, donde estaba Lucas Venturelli”. Por su condición de bicho raro del rock local, terminó siendo una banda de culto, muy seguida por el público y todavía recordada.

En aquellos años “ tocábamos en un pub que se llamaba La Farola, que estaba en calle Maipú frente a La Anónima, y ahí empezamos a mostrar nuestras canciones porque nunca hicimos covers. Nosotros nunca supimos quién era el operador de sonido ni nada, nos subíamos y tocábamos; para organizar había que juntarse con otras bandas, ningún organismo oficial te daba bola, había que hacer el afiche y salir a pegarlo. Los lugares para tocar en esa época eran El Galpón del Arte o el Teatro Ideal, que no tenía butacas. Después empezamos con la gente del MIA que estaba en La Biblio, a organizar unas peñas que eran increíbles”, recordó.

En el ’98 Básico Crack grabó su primer y único material oficial. Cuenta Marcelo Moia: “Hicimos un EP con seis canciones con Guillermo Berrino, que tenía una sala en calle Belgrano. Lo editamos en cassette y se llamó Antihéroe, tenía en la tapa al abuelo de Ariel Bandeo, al que le taladrábamos la cabeza en los ensayos en el barrio San Martín, en calle Chile”. Ese cassette fue presentado en una de esas épicas peñas en la Sala Castalia de la La Biblio, donde se vendía el vaso de sangría a un peso.

Después apareció el CEJ y toda la ebullición de tocar con Carmina Burana, La Cruda, Actitud María Marta. En algunos hicimos la producción en conjunto, nos poníamos el título de productores pero éramos cuatro flacos que no podíamos organizar ni un asado. También tocamos una vez en el Okupa de Rosario, invitados por Carmina, que nos pusieron en el afiche ‘Masivo Crack’ (risas). Cada vez que nos acordamos de esa época lo hacemos con alegría, fue una etapa muy linda”, rememora el actual baterista de Joven Boris.

A lo largo de los años, Básico Crack supo tener músicos invitados como ‘Cosita’ García en percusión y Polo Donatti y Daniel Alvarez cuando sumaron vientos. “Los años de la banda fueron increíbles para mí, primero por tocar con un músico como Ariel Bandeo que hacía todo, porque tocaba la batería pero era el cerebro detrás de toda la banda, hacía los temas y le pasaba a cada uno lo que tenía que tocar. Yo hacías las letras, que eran de un pibe de 20 años pero muy viscerales, había buenas intenciones producto del estadío natural de un adolescente y su mirada del mundo”, admite Moia.

 

El final

Básico Crack siguió tocando hasta el 2000, cuando se separaron por un tiempo. “Al año siguiente el Negro Britos se fue a tocar con Viejos Sordos, y él nos dijo que había un pendejo que se sabía todos los temas nuestros en el bajo: era el Nico Urbina. Con él en el bajo tocamos dos años más y después armamos juntos Tsunami y Joven Boris”, agregó Chelo.

Ya en 2002 llegaría el final definitivo. ¿Por qué se separaron? “Porque estaba Ariel Bandeo (muchas risas)… es un final inevitable”, responde Moia con un poco de ironía. “Ariel siempre fue muy ávido, él ya estaba tocando el acordeón, armó otro banda y después La Sasasa”.

Con el tiempo cada uno siguió su camino. Alejandro Britos vive en Luján, toca en una banda que se llama Santuca y ha estado como asistente de sonido de La Renga. Ariel Bandeo siguió tocando gran cantidad de instrumentos y fue cofundador de La Sasasa y El Rejunte Tango, aunque en la primera no sigue y la segunda se desarmó. José Rossi hoy es un respetable ingeniero del INTA. Leonardo Zabala vive en Comodoro Rivadavia. Marcelo Moia es baterista de Joven Boris y sigue contribuyendo con la producción de recitales a través del ciclo Indoor en el Centro Cultural Municipal.